Mala pata

A mi siempre me había hecho ilusión romperme algo. Envidiaba a todos aquellos que llevaban escayolas y les pintaban encima, porque se convertía en el centro de atención, podía llegar tarde, no salía a la pizarra, y era el único que tenía acceso al cochambroso ascensor del instituto. Tube que esperar hasta tercero para romperme el tobillo. Lo metí en el agujero para las pivotes de las redes de volei. Algún desgraciado quitó la tapa y yo metí el pie dentro mientras corría. Aún no se porque teníamos esos agujeros si no teniamos nada para jugar a volei. La primera reacción fue ver a todos descojonandose a mi costa, y es normal, yo también lo hubiese hecho. Cuando vieron que no me levantaba vinieron, no se si por preocupación o por reirse bien cerquita. La profesora primero me desató la bamba y me la quitó. Fue un mal dia para llevar un tomate en el calcetín, pero yo dije que se me había roto con el frenazo de la caída. Mentira. Al bajarme el calcetín vimos el bulto. Era como si el corazón me hubiese bajado al pie, porque notaba cada uno de mis latidos en el tobillo.

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